miércoles, 29 de marzo de 2017

Alcalá de Henares, paseando la tierra de Cervantes en Madrid



En Alcalá de Henares Cervantes es un protagonista omnipresente. En este rincón de Madrid su figura y la de El Quijote copan estatuas, murales y museos. Uno de los puntos más interesantes para visitar fuera de la capital, y al que se llega en poco más de media hora en tren desde la zona centro. Alcalá es uno de esos lugares a marcar en rojo para los amantes de la historia y de la literatura.

Una ciudad de alrededor de 200.000 habitantes en la que la calle principal está siempre transitada, y sus terrazas llenas de bullicio los fines de semana. Un ir y venir que toca techo en un punto concreto del casco histórico. Un banco custodiado por las figuras del gran personaje quijotesco y su escudero Sancho Panza (obras del escultor Pedro Requejo) es la antesala, y la foto obligada, de la casa en la que nació el ilustre escritor. Y es que aunque la vivienda original fue derruida ates incluso de conocerse que allí había nacido el literato, hoy en día sirve de emplazamiento para el que es el museo más imprescindible de Alcalá.


No es el único en una ciudad cultural e históricamente rica (en comparación a otras ciudades de la periferia). No hay más que mencionar que la universidad de Alcalá fue la primera de Madrid, y una de las más antiguas de España y de Europa. A pesar de que durante mas de un siglo estuvo clausurada, su fundación data de 1499; y sus orígenes están en los Estudios Generales de Alcalá, fundados por el Arzobispo de Toeledo en 1293.

Una ciudad ilustrada desde siempre, en cuyas calles se prodigan los guiños a la literatura y las visitas culturales. Su museo arqueológico, el curioso Palacio de Laredo o el Teatro Cervantes completan una oferta muy amplia para un destino que vive, a nivel turístico, a la sombra del infinito catalogo que tiene una gran ciudad.



Alcalá presume también de Catedral. Su imponte torreón se eleva por encima de todo lo demás en el casco histórico, y sus inicios también se fechan en la Edad Media. La cima más alta en una ciudad de torres. Un dibujo de cúpulas y campanarios en el cielo, junto al reloj de su ayuntamiento y la torre de la iglesia de Santa María la mayor, único resto en pie de una iglesia milenaria en la que, dicen, fue bautizado Miguel de Cervantes.

Como tantas otras cosas, la plaza también lleva su nombre; y su estatua la preside. La plaza Cervantes. Ese corazón con el que late una ciudad con cierto aire de pueblo. En ella está el ayuntamiento, los restos de la iglesia de Santa María, la antesala de la universidad, el antiguo corral de comedias... y la vida alcalaína. Aquí se mezclan mayores, universitarios y turistas, convirtiéndola en uno de esos rincones dónde parece pararse el tiempo y las prisas, esas que esperan, eso sí, en el tren de vuelta a la capital.


En esa calle principal tan genuina también se olvidaron las horas y las preocupaciones. Lo hicieron entre las cervezas y los vinos de sus restaurantes y bares, y, especialmente y si el tiempo permite, entre las terrazas que salen a la calle con los días de sol. Más allá de su oferta histórica, Alcalá es uno de esos lugares en los que apetece ir a tan solo sentarse junto a una buena tapa.

En menos de medio kilómetro, que es lo que tiene la calle Mayor, hay ambientes para todos los gustos. Restaurantes puramente castellanos y asiáticos de vanguardia; tiendas que parecen sacadas de mediados de siglo y las últimas tendencias de decoración. Su zona centro es un circuito que se camina en poco rato pero, aún así, esta calle invita a olvidarse de cualquier otro punto marcado en el mapa.



Al fin y al cabo Alcalá es una visita de un día, de una tarde, o de varias tardes para quien viva en Madrid y quiera disfrutar con asiduidad de esa atmósfera a medio camino entre los pueblos castellanos y las ciudades históricas. Junto con Aranjuez o Chinchón, es portada de los 'otros' destinos de la provincia.

No es París, ni Roma, ni siquiera tenga quizás el porte de los grandes barrios históricos de Madrid. Es un pequeño rincón histórico, que ha visto pasar la historia de toda la región y de la literatura española. ¿A quién le importa si más allá de sus murallas vuelven a aparecer los cuadriculados edificios de una ciudad de la periferia? Estamos en la casa de Cervantes, y nos ha invitado a pasear por su tierra.

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