domingo, 4 de junio de 2017

Sidi Ifni, surf en playas solitarias de Marruecos


Olas para surf en Sidi-Ifni, Marruecos
Las playas de Marruecos raramente entran en las listas de paraísos del surf, mucho menos las de Sidi-Ifni. Sin embargo, en un país que empieza a despertar a este deporte, con lugares como Taghazout que si empieza a asomar su fama entre las páginas de las revistas especializadas, hay quienes desde hace años disfrutan de las olas en kilométricas playas de arena prácticamente solitarias.

Sidi-Ifni, antiguo bastión español, en las últimas costas del sur de Marruecos antes del Sahara Occidental, es un pueblo tranquilo y típicamente costero. Su ‘barandilla’ es uno de los rincones más habituales de muchos locales para pasear y reunirse al atardecer. Una ancha acera con las vistas siempre puestas en las interminables olas de su playa.

Barandilla y olas de Sidi-Ifni

Atardecer sobre playa de Sidi-Ifni


Frente al pueblo se expanden más de 3 kilómetros de arena amarilla en la que las olas son constantes. Aunque los ‘riders’ prefieren otras zonas ya que aquí el fondo no es el adecuado, merece la pena apoyarse en la barandilla a ver cómo se forman, largas e interminables, como si nunca pararan de romper. Es precisamente allí donde se puede observar que si hay algunos surferos que ya conocen las maravillas de Sidi-Ifni.

Precisamente ‘Barandilla’ se llama la pequeña tienda de surf de Rachid, un marroquí más aficionado al bodyboard que al surf, pero que abrió con ese nombre el primer comercio del pueblo dedicado a este deporte. Allí alquila unas tablas algo desgastadas y neoprenos de primeras marcas para quienes quieran aventurarse en las olas del Atlántico.

Escuela de Surf en Sidi-Ifni, Marruecos

Transporte de surf en Sidi-Ifni

Justo enfrente un logo en uno de los edificios que escoltan en paseo frente al mar llama la atención: ‘Ifni-surf’. El edificio acoge una escuela mucho más completa, en la que se ofrecen desde clases con profesores avezados en este deporte hasta surf-camps de cualquier duración. La dirige Oscar Rigati, un joven cuyo origen está en Sidi-Ifni pero que no puede ocultar el acento granadino de su madre.

El viejo Land-Rover amarillo aparcado frente a la escuela también se suele ver en las inmediaciones de la playa de Legzira, una de las maravillas naturales de la región y una de las mejores olas de estas costas, según dicen. Si no están allí los chicos de Ifni-Surf, seguramente estén junto al antiguo puerto español, en otra gran playa que se pierde en el horizonte y en la que se multiplican, en las horas en que la marea lo permite, las caravanas de surferos que paran por allí mientras recorren la costa norte-africana.

Sidi-Ifni no tiene vuelos, aunque aún cuenta con la antigua pista de tierra del aeropuerto de la época de dominio español. Tampoco tiene trenes, y su conexión más sencilla es en coger un grand-taxi (el transporte más genuino de Marruecos) hasta Tiznit o Guelmim. Razón quizás por la que aquí, a pesar de sus playas, el turismo siga siendo residual. Tan solo viajeros en caravana o extranjeros que han comprado una casa aquí, en este destino que siempre mira pacíficamente al Atlántico.

Hondas en Sidi-Ifni, Marruecos

El surf, como el turismo, vive un auge en Marruecos. Sin duda, así como sus costas se llenan de apartamentos, también lo harán sus olas de deportistas. En Ifni, sin embargo, aún existe la posibilidad de alquilar una tabla, coger un Honda (un tuc-tuc a la marroquí para transportar mercancías, pasajeros, ganado o lo que haga falta) e ir hasta las olas cercanas al puerto. Y ser el único. Junto a las aguas turbulentas que rompen junto a los pilares del abandonado teleférico, solo ante los kilómetros de playa y la imagen a lo lejos del pueblo.

No soy seguramente el más adecuado para hablar de este deporte en el que apenas se me puede considerar principiante, pero no hace falta ser Kelly Salter para vivir esa sensación única. La de cabalgar una ola en ese atardecer africano tan lleno de matices, con el sonido de las olas y de la llamada a la oración como únicos compañeros. En la costa africana empieza a haber apartamentos, si, y turistas. Pero aún existen soledades, experiencias y sensaciones que hace tiempo desaparecieron en otros lugares.

También te puede interesar

0 comentarios:

Publicar un comentario