lunes, 12 de diciembre de 2016

Gastronomía de Madeira, qué comer en la perla portuguesa del Atlántico

Frutas tropicales, pescados autóctonos y uno de los mejores vinos del mundo se juntan en la gastronomía de Madeira. La buena definición de su producto hace que comer en esta isla, comer bien, esté entre las principales razones para visitarla. Su historia como punto de paso de los conquistadores portugueses y su clima privilegiado la han hecho un rincón a tener en cuenta a nivel gastronómico en cualquier época del año, con unos platos genuinos que ponen su sello diferenciado frente a los del continente.

Las formas de darle un gusto al paladar aquí son casi infinitas, y no solo dependen de sus restaurantes de categoría, abundantes en una isla con un perfil turístico de nivel bastante alto y exigente. Experiencias como los tours gastronómicos, visitas a viñedos y bodegas, o simplemente paseos por el casco histórico de Funchal, se conforman como actividades a apuntar en la lista para conocer en profundidad este destino.


Madeira siempre fue ruta de paso del comercio marítimo. Su lugar privilegiado en el Atlántico la convirtió en parada técnica de muchas mercancías que viajaban hacia el Portugal continental, y que se quedaron hasta hoy en su gastronomía. Frutas como el maracuyá, el mango, el tomate inglés... son comunes en productos con un sello totalmente madeirense. Desde bebidas refrescantes como Brisa (a la cual no pudo hacer frente Coca-Cola y su intento de Fanta de maracuyá) hasta chocolates exclusivos que juegan con la inserción de estos sabores tropicales, pasando por postres y, como no, la inclusión de agridulces a platos de 'espada', el pescado emblema.

Llama la atención la diferencia de matices y diversidad de productos 'made in Madeira' que se pueden probar en tan solo unas pocas calles. Wine Tours Madeira ofrece tours a pie por la capital en los que en un par de horas se hace un repaso casi completo a su gran variedad gastronómica y a su historia lejana y reciente. Incluye, por supuesto, una parada obligada en la Rua de Santa María, la calle principal de la zona antigua y el epicentro de los restaurantes más emblemáticos de Funchal.


La hora de comer hay que respetarla en cualquier punto de la isla. Ya sea comiéndose un bocadillo de carne en el pan típico, 'bolo do caco', en algún pequeño pueblo del interior; o disfrutando de una cena romántica en sus lujosas y cuidadas quintas, antiguas casas señoriales con más de 200 años convertidas en pequeños hoteles de 4 y 5 estrellas. Eso sí, de las muchas opciones que se encuentran en sus menús, hay algunas que no es recomendable irse sin probar:

La 'espada' y los productos del mar

No confundir con el 'pez espada'. La espada, o sable negro, es probablemente uno de los elementos imprescindibles de su cocina. Se puede encontrar seco, en canapés, como plato principal, frito con cebolla o acompañado de plátano... irse de Madeira sin probar alguna de sus infinitas variantes sería perderse una parte importante de este lugar. En pueblos como Cámara de Lobos o la zona baja de Mahcico, de eminente tradición pesquera, se reparten restaurantes que van desde lo más tradicional a lo más moderno y en los que este pescado tiene una función protagonista.




También la tiene en el Mercado de los Lavradores, el mercado de Funchal, que rebosa de vida y color cada mañana. En la amplia zona reservada para pescados y mariscos, el sable negro es el actor principal junto con las lapas; un marisco habitual y muy valorado en la Macaronesia, que en Madeira tampoco puede faltar aliñado con limón y mantequilla de ajo.

Las frutas tropicales

En la otra parte del mercado se evidencia lo ya mencionado, el factor tropical y el dulzor de la isla. Los colores y formas exóticas resaltan en los puestos de frutas y verduras, como lo hacen en los platos de su cocina. Este exotismo, que vino importado de las lejanas tierras en las que Portugal reinó, hoy está presente desde los entrantes hasta los postres.


La espetada

Madeira es mar, son barcos pesqueros en sus pueblos, es el marisco de su mercado... pero no hay que olvidar que entre sus platos estrella también está la carne. En una isla que presume de la laurisilva, el sabor del laurel tenía que quedar presente en sus asados. Algo tan simple como tiernos trozos de ternera ensartados en una vara de laurel y asados a la brasa: la espetada. En muchos restaurantes se sirve en un pincho de metal, pero no por ello pierde el inconfundible sabor a la madera con que se asa.

El vino de Madeira

Si hay algún producto de Madeira que ha traspasado fronteras ese es su vino. Aunque no posee grandes extensiones de viñedos, ha conseguido unos caldos únicos y de fama mundial. El llamado 'vino Madeira' posee una gran tradición en la historia contemporánea, y presume de que en Estados Unidos el propio George Washington celebró con vino de la isla su investidura. También en épocas más actuales ha tenido presencia en las tomas de posesión americanas, pues se cuenta que Barack Obama siguió el ejemplo de uno de los padres de EEUU a la hora de escoger la bebida.




Empresas como Blandy's, que opera en Funchal desde mediados del siglo XIX, ofrecen la posibilidad de catar y repasar la historia de este elixir en un tour por la antigua y perfectamente conservada casa/bodega. Entre sus reliquias se encuentra el lagar de madera más antiguo de la isla, que remonta sus orígenes a antes del siglo XVI. Un vino con muchas leyendas a sus espaldas y una casa en la que se siente entre sus barricas de madera el espíritu y la importancia que ha tenido esta bebida para la isla. Dicen además que los vinos de Madeira nunca se avinagran, incluso aunque permanezcan abiertos.

La poncha

Por último, y siguiendo con la carta de 'espirituosas', hay algo mucho más importante que el vino. Quien haya estado en Madeira sabrá que hay casi una religión en torno a esta bebida. "La poncha es un ansiolítico, un estimulante, un potenciador sexual, le atribuyen todo tipo de propiedades" me comentaba mi conductor apenas llegar a la isla, "lo cierto es que tiene algo diferente", concluía.



Se trata de un cocktail tradicional hecho a base de aguardiente de caña, miel y limón o naranja (a veces ambas). Simple, contundente, y ciertamente simbólica. Existen pequeños establecimientos en el casco histórico de Funchal que únicamente parecen servir poncha, y en prácticamente todos los bares aparece junto a sus múltiples variantes que incluyen, como no, frutas tropicales. Es la forma de empezar, o terminar una noche en Madeira. Cualquier viaje a este rincón del Atlántico tendrá con toda seguridad recuerdos con sabor a Poncha.

Comer aquí es hacerlo en un lugar que se mantiene fiel a sus raíces y sus productos locales. Si hay algo que resalta en Madeira además del verde de su naturaleza, es en definitiva su gastronomía. Su potencial turístico, motor principal de la isla en la actualidad, han terminado de definir una oferta que tenía el clima y los ingredientes para triunfar. Basta hablar o leer a otras personas que hayan visitado este destino para descubrir que casi todos mantenemos un buen recuerdo en el paladar.


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