miércoles, 12 de octubre de 2016

El museo más extraño y auténtico de Gran Canaria


Por la carretera de Mogán, llegando a una de las zonas más remotas y olvidadas de Gran Canaria, como es la Aldea de San Nicolas, hay un museo. Un museo extraño, artesanal, gratuito, y seguramente muy friki. Una mezcla entre canariedad y principios de Diógenes, que repasa de forma curiosa y alocada prácticamente todas las épocas que ha vivido una casa en las islas.

Sin muestras claras de oficialidad, llama la atención cada vez que se pasa junto a él por sus colores y desorden. Es lo que parece un museo altruista, de alguien que simplemente quiso mostrar la colección de una vida. En la entrada hay un tractor, una barca tradicional, unas sillas de época, un molino... y varios carteles que indican que nos encontramos en un "museo". Al entrar, la sucesión de habitaciones estrechas y repletas hasta el techo de objetos siguen la misma tónica carente de mucha lógica.


Una casa canaria en la que cada habitación es una sucesión de objetos con más o menos sentido. Desde una estancia en la que imágenes y cuadros de aborígenes comparten espacio con lo que parecen piezas artesanas de estilo pre-hispánico o incluso datadas de la época, hasta mesillas presididas por una gramola y cajas de vinilos, o una salita con varios galeones. La casa por momentos abruma, hace pensar si la muestra es un intento de mostrar la historia de Canarias o un atisbo de locura.

En el jardín, que parece preparado para tener varias fuentes y construido por manos artesanas, hay muestras de agricultura y algunos animales... cobayas, hámsteres, periquitos... y todo presidido por un alto molino de viento estilo americano, que es la muestra más visible del museo cada vez que se pasa por la carretera.



En otra de las habitaciones, justo antes de la salida al jardín, hay incluso lo que parece un 'salón asiático' imágenes de Buda, dioses hindúes... "¿dónde demonios estamos?" Muchas de las piezas tienen una definición, algunas incluso fechas y explicación histórica. Lo cierto es que, a pesar de la apariencia desordenada e ininteligible del museo, no nos encontramos ante basura, sino ante una infinita colección de objetos auténticos, más o menos antiguos, que alguna vez, de alguna manera, fueron a parar a este rincón de lo más profundo de Gran Canaria.

El museo, o la casa, no tienen una recepción, ni un registro de entrada. Tan solo un extraño dueño que aparece sonriente en alguna estancia sin hacer ninguna pregunta, no parece ni siquiera que la muestra tenga afán económico (aunque seguramente dada la gran masa turística de la isla caiga alguna que otra propina), más bien la simple necesidad de mostrar a alguien la colección de una vida... del paso de los años en una casa canaria, en uno de los lugares más canarios de Canarias.


Volviendo hacia la calle se puede seguir observando la colección y todos esos objetos que pasaron por alto en una primera 'visual': relojes de pared, máquinas de coser antigüas, trajes típicos, escudos y fotos de la U.D. Las Palmas... seguramente ningún folleto turístico incluya este lugar, seguramente tampoco sabrían como explicarlo.

La Aldea de San Nicolás es uno de los lugares más singulares de Canarias. Olvidado y exiliado hasta hace pocos años por horas de camino entre carreteras sinuosas, suele encabezar listas de pobreza y de paro en la isla. 'La Aldea' es además la "sartén" del archipiélago, es algo rutinario que la temperatura más alta del verano se sitúe en este amplio valle del oeste de Gran Canaria. Sin embargo, este olvido también la ha llevado a conservar una autenticidad desaparecida por completo en las zonas turísticas o urbanas.

Este museo sin nombre quizás sea una loca ocurrencia de alguien con demasiadas cosas, pero entre sus polvorientas y diminutas estancias se encuentran detalles de lo que ha sido Canarias en los últimos cientos de años. También en la Aldea, dónde merece la pena parar a tomarse un café, o a pasear por su playa de callados y comer pescado en su pequeño barrio pesquero. Pararse, y escuchar una isla muy diferente a la que habita entre los hoteles del sur.

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