lunes, 16 de mayo de 2016

Candelaria, tierra santa en Tenerife


Expandida casi como ciudad dormitorio de Santa Cruz de Tenerife, Candelaria aún guarda junto al mar una riqueza espiritual innegable. Ya no por ser lugar de peregrinaje por excelencia, por el hecho de que en su basílica se aloje la patrona de Canarias, sino porque ha sido lugar de culto desde épocas guanches. Hoy en día 9 esculturas de bronce representan a los 9 menceyes, los 9 reyes aborígenes que gobernaban Tenerife antes de la invasión española. Siempre mirando al mar, y a sus oleajes, aparece como un respiro de 'canariedad' ante la industrializada costa del noreste tinerfeño.

Dicen que ya antes de la invasión castellana los guanches adoraban a la Virgen de Candelaria. La morenita, nombre popular de la figura por su color, fue hallada en la costa y trasladada a la cueva del Mencey de Güimar, reino al que pertenecía la actual Candelaria. Una década después, misioneros franciscanos fundarían la primera ermita en torno a la imagen religiosa, conviviendo aún bajo gobierno aborigen. 5 siglos después la basílica, y por ende la tradición de su virgen, siguen captando la atención de todo el que hace una parada en esta Villa Mariana.




Cada 15 de agosto miles de peregrinos y devotos llegan desde todos los rincones de la isla para rendir homenaje a su patrona. En Tenerife no hay que ser necesariamente católico para tener cierto apego a la Virgen de Candelaria. Una ruta de peregrinación que existe desde tiempos de la conquista y cuyo valor va más allá de lo religioso, aportando valor etnográfico e histórico, sobre todo si el camino se hace desde San Cristobal de La Laguna.

El interés de este enclave, a tan solo 20 kilómetros de la capital, pasa, como digo, las fronteras de lo religioso y sirve para encontrarse con un pedazo vivo de la historia de Tenerife. No en vano la gran basílica fue construida junto a la cueva en la que los aborígenes ya rendían sus respetos a la imagen. 45 metros de campanario dominando una gigantesca plaza que hace sencillo imaginar el gentío que la inunda los días grandes.



Y todo, como es habitual en Canarias, mirando al mar. El paseo que empieza en el templo y lleva en unos minutos al pequeño puerto de pescadores deja siempre en la mirada su playa de arena negra y aguas enbravecidas. De espaldas a esas olas, desde las que llegó la virgen, se imponen los 9 antiguos reyes de la isla, los que hacen que este pequeño rincón, que apenas lleva unas horas visitar, conjugue todas las formas de espiritualidad de las islas.

La paz que le aporta la cercanía del mar convierte su pequeño casco histórico en un lugar de relax. Un entramado de tiendas (muchas de carácter religioso, eso sí), cafeterías y kioscos, que hacen que visitar la Villa Mariana sea también sentarse en una terraza a tomar un café, o una cerveza. O quizás simplemente sentarse en la arena, a la espalda de los guanches que parecen guardar la isla, y perder la mirada en el atlántico.



Candelaria es ese lugar que llama a ser marcado en rojo si se quiere conocer profundamente Tenerife, o al menos, una parte que se esconde bajo la piel. Así como el Teide es símbolo y casi padre de la isla, la Villa Mariana guarda la espiritualidad de Canarias y simboliza, en un espacio reducido,  la historia pre- y post- conquista. Sean o no verdad sus leyendas, sean o no en vano las peticiones a su virgen, merece la pena caminar por su plaza y mirar al océano. Un buen principio para conocer Tenerife, esa isla a la que miran orgullosos sus 9 reyes.



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